jueves 26 de mayo de 2011

Isis de mayo


para la rebeldía y sus hijas e hijos

donde quiera que se encuentren

Es alegre la alegría. Ver carcajearse a una doña, a la gente cuando se encuentra y está a gusto con los suyos, la risa en el sobreviviente que vuelve del vestíbulo de la muerte. Mirar el brillo en los ojos de la enamorada que reconoce a su enamorada en medio de la multitud. Saber que los que no engañan y duermen con la conciencia tranquila sonríen en sueños.

Alegre será la cita de este sábado 28 de mayo, de un pueblo consigo mismo, ese que ha llevado tanto golpe, tanto gas, tanta muerte, tanta burla. Nadie puede despreciar la alegría porque entonces sí que estaremos a las puertas del fin del mundo, para eso hay que estar muerto o ser golpista, ellos derraman bilis donde el resto, júbilo. Pero la alegría que queremos es la que se extiende como esta lluvia de mayo y hace florecer el maiz, la que a pesar de los eventos desgraciados perdura, porque es el secreto de la resistencia.

Hay que celebrar que es el pueblo en resistencia quien traerá de vuelta a Mel y a los otros exiliados y exiliadas, y no un acuerdo convenenciero, hipócrita y cupular. Un movimiento fresco, atrevido, ocurrente y novedoso, gente organizada en cualquier cosa y gente que no se organiza por nada, multitud que se salta las trancas de quienes entienden la política como embudo donde pasan sólo los egresados de escuelas de cuadros a quienes la imaginación les abandonó desde hace mucho. Cierto que la organización de un movimiento así es un gran reto, pero es también una gran oportunidad, porqué no dejar que se gobierne a sí mismo, porque no ensayar otras maneras de andar en vez de repetir las que no son nuestras, acaso no entendemos que como dice la poeta negra Audre Lorde “Las herramientas del amo, nunca desmontarán la casa del amo”. ¿Son necesarios más golpes para aprender?

La resistencia en la que aún me reconozco es la que saldrá a celebrar su fuerza común, sus siglos de resistencia, saldrá a reencontrarse, a observar con desconfianza, a tomar fotos a los aleros con el celular, a comer yuca, baleadas y churros o a pasar hambre, a llorar a escondidas por la emoción de tanta cosa revuelta en el pecho, a contar pasadas de cuando por esas mismas calles los persiguió el ejército, a especular sobre lo que ahora sigue y establecer su posición crítica ante su pueblo, sin miedo, sin cálculo ni engaños. Esa que entiende que después de los cuetes de vara, del circo de algunos, de la goma, del gran relajo en Tegus, de que cuando los aviones embajadores se hayan ido, volveremos a lo mismo. Volveremos a la luchas, a los intentos, a proteger la vida digna cada día, a tratar de adecentar esta tierra que nos tocó a bien habitar.

Y ellos harán lo que no han dejado de hacer nunca: engañar, explotar y matar.

Este 28 de mayo, la plaza Isis Obed estará llena de gente, pero Isis Obed no estará ahí. Sólo su recuerdo de sangre sobre una calle donde miles de sus paisanos llegarán, como antes talvez nunca llegaron, con más decisión, voluntad, ánimo. Pero dicen que así tiene que ser, que hay quienes tienen que morir, y rechazo la palabra mártir tan padecida y resignada, porque ellos y ellas fueron asesinados por el régimen militar aunque se vista de OEA, y donde hay asesinato no hay sacrificio, sino crimen. Isis Obed sabía, como hemos sabido quienes hemos andado en las calles, que son asesinos a los que nos enfrentamos, pero no debemos hacernos a la idea de que se hace crecer a un niño para que una bala de alto calibre lo mate, una impune bala por demás, o para que un militar le ponga las botas encima. Así no debe ser, a Isis Obed, lo mató el golpismo, ese que el 28 de mayo se institucionaliza, se afeita, se vuelve señor Presidente en el mismo Toncontín donde su sangre joven mana bajo la tierra para siempre.

Por eso enmedio de la alegría no olvidemos a quienes no están ni a sus asesinos sin castigo que siguen donde antes, y van cambiando su discurso con una facilidad que espanta, los que maniobran sus instrumentos de guerra hacia los mismos objetivos.

Estoy segura de que la amnesia no va a marchar este 28 de mayo en Toncontín, que este pueblo valeroso y digno, hoy feliz, ya no se chupa el dedo, ni tiene porque hacerse el dundo. Ya para qué si las máscaras se cayeron y se hicieron pedacitos y sabemos quiénes somos y lo que queremos. Hoy, nadie puede detener la marcha del gentío, del mujeral, de la muchachada, del cipotero, del pobrerío, ni siquiera quienes dicen que hablan en su nombre y tratan en vano de controlar su espíritu rebelde, lo cual es imposible, como imposible es represar un río que un buen día se libera y se lleva los intereses transnacionales entre sus aguas revueltas y poderosas.

Cuando de Mel ya sólo quede el recuerdo del bigote, algunos de sus actos y un retorno multitudinario, y de los que se pelean por salir en la foto no sepamos ni si eran de aquí o de dónde salieron, recordaremos a Isis Obed, su ánimo de marchar y luchar a cambio de casi nada para él mismo y tanto para su gente, los pétalos de su vida joven deshojados en Toncontín, su ataúd pobre y digno. No lo olvidaremos jamás. Recordaremos a cada hombre y a cada mujer asesinados por el régimen.

Por eso: No olvidamos a los golpistas y sus actos criminales. Ellos no son familia nuestra. No colaboramos con sus trucos de patrones y patriarcas que repiten fórmulas a su servicio.

No desistimos de las rutas nuevas a nuevos destinos.

Por eso celebramos lo que hay que celebrar y seguimos refundando la esperanza, la matria, la alegría que perdura, la vida.

Melissa Cardoza

La Esperanza, 25 de mayo, 2011.