de MASSIMO G.A.PARISI
1962-1972 Presidente Asociación Universitaria de
Formación Europeísta
1972-1986 Secretario Gral. Asoc. Periodistas Europeos
Director de medios radiales, escritos y TV
Representante del Consejo de Europa
1986-1990 Presidente
1990-2005 Ensayista político para Europa
Presidente Cámara Turismo Omoa y Cortés
2005-2008 Presidente FundAmbiente con Padre Andrés Tamayo
Coordinador
Formación Europeísta
1972-1986 Secretario Gral. Asoc. Periodistas Europeos
Director de medios radiales, escritos y TV
Representante del Consejo de Europa
1986-1990 Presidente
1990-2005 Ensayista político para Europa
Presidente Cámara Turismo Omoa y Cortés
2005-2008 Presidente FundAmbiente con Padre Andrés Tamayo
Coordinador
A finales de Agosto de 2005, no apenas regresado a Omoa del último viaje que logré realizar a Europa, recibí la llamada de Humberto Mendoza, alertándome sobre un singular artefacto de acero esbozado de la arena y del agua salobre que rozaba el mísero (en aquel entonces) plantel que finalmente conocí, aprendiendo ser destinado a almacenar LPG (visitaba Omoa desde mi ingreso al País en 1990, sin percatarme -como muchos- de una sumisa terminal que operaba al limite de la quiebra).
Llegaron súbitamente a mi memoria los Colosos edificados en el mundo pre-Cristiano y el majestuoso guerrero de Rodas, orgullosamente erguido en sus 32 metros de hierro y puro bronce para defender aquel puerto isleño, disuadiendo a eventuales enemigos.
Considerado una de las 7 maravillas del mundo, el Coloso no tuvo suerte: el mar pronto socavó su base cimentada en frágil arcilla, hasta que un leve movimiento telúrico lo derrumbó.
En aquel entonces no se conocían pilotes que, afianzando las obras, conjuraran las insidias del subsuelo y del agua, sobre todo salada.
Profano de la ingeniería civil y animado de simple sentido común, declaré ipso facto mis más convencidas hostilidades a lo que inmediatamente estimé ser un tremendo peligro para la integridad física de los residentes…y de sus sudadas inversiones.
Los sucesivos capítulos de la tragi-novela que durante estos largos años se desembrolló siempre más enredándose, han sido asimilados por la ciudadanía sin despertar mucha conmoción:
ya no nos sorprende que un Gobiernotolere que una pingüe transnacional continúe operando impune, sin tributar (al margen de la Ley) millones que comprimirían de manera notable los índices de pobreza, si fueran devueltos al público Erario y de aquí a los naturales destinatarios;
ya no nos aflige aprender que a una importadora-almacenadora-distribuidora y exportadora de hidrocarburos no se le cobra ni multa por operar desde hace 22 años sin permiso o licencia alguna para manejar hidrocarburos, ni para importar, y almacenar, distribuir y exportar LPG;
ya no escandaliza que una industria que severamente afecta a una frágil economía tradicionalmente turística, nunca ha pagado tampoco por su permiso de operaciones, mientras los munícipes se apresuran a cerrar los comedores que no alcanzaron cancelar puntualmente los impuestos por faltas de clientes, que aquella misma actividad industrial testarudamente aleja, en la cómplice indiferencia del gobierno local;
tampoco ya sorprende que un hombre de negocios prestado a la problemática ambiental tercamente se niegue a cumplir con la Ley y a otorgar una obligatoria resolución administrativa al Dictamen de su misma Secretaría, que invoca el cierre de una mega terminal imputada de intoxicar la Bahía y de desaparecer vastas áreas de manglares protegidos, asesinando la Laguna de Centeno y exterminando centenares de raras especies ícticas y avícolas, mientras protervamente insiste en estrangular las playas y en amenazar en sus vidas a 8,000 moradores (Dictamen 260-06).
Lo que todavía no asimilo, es como funcionarios juramentados para velar sobre la salud de conciudadanos (y de cualquier residente) puedan hacer oídos sordos a las vibrantes advertencias que manan del Congreso Nacional, de múltiples Fiscalías, de los Institutos de Turismo y de Antropología e Historia, además de la Secretaría de Cultura, de la Procuraduría del Ambiente y Bomberos, de Copeco, de técnicos eméritos y de la trágica información mediática cotidiana.
El principio de la seguridad colectiva y del respeto a la vida y a la integridad física personal, valorizados en la Carta Magna y en Tratados internacionales, parecen para nada encabezar el doméstico listado de las obligaciones presidencial- ministeriales…
Si así no fuera, el más alto nivel ejecutivo no encontraría impedimento para tomar firme y consecuente posición, fundamentada en el expediente que del caso SERNA lleva (y que celosamente custodiamos en copia, gracias a la Ley de Transparencia, a la Compañía de Jesús, al doctor Leo Valladares y -ultima sed prima- a nuestra abogada Clarisa Vega), ya que la cuestionada empresa:
* nunca encargó un cualquier estudio oceanográfico pese a ubicar esferas altas 38 metros sobre una mísera fundición profunda dos, (y sin pilotes) a 15 metros de las impredecibles olas Caribeñas;
* nunca se sirvió de un completo estudio de subsuelo, pese a operar en una orilla arenosa transportada por el Fifí y sobre la siempre activa Falla geológica del Motagua que cruza la zona;
* nunca requirió una certificación internacional para las sofisticadas obras de soldadura, otorgando ella misma, “sobre el campo de batalla” (y sin importar la seguridad) una muy especial certificación de soldadores a sus ex ayudantes de albañilería;
* nunca contrató a un ingeniero colegiado para diseños y ejecución, nunca utilizó bitácora ni se abocó a una supervisión externa;
En compenso, asumió y presentó a periodistas y desatentos inspectores a un cierto Tony Pedro, el cual, nuevo Leonardo, realizó todas las tareas de ingeniería civil, eléctrica y mecánica.
Abandonó sorpresivamente el País, perseguido por una orden judicial de captura habiendo ilegalmente ejercido la ingeniería, como ya bien saben Casa Presidencial, SERNA y Fiscalías.
Yo, hubiera preferido ignorarlo.
Llegaron súbitamente a mi memoria los Colosos edificados en el mundo pre-Cristiano y el majestuoso guerrero de Rodas, orgullosamente erguido en sus 32 metros de hierro y puro bronce para defender aquel puerto isleño, disuadiendo a eventuales enemigos.
Considerado una de las 7 maravillas del mundo, el Coloso no tuvo suerte: el mar pronto socavó su base cimentada en frágil arcilla, hasta que un leve movimiento telúrico lo derrumbó.
En aquel entonces no se conocían pilotes que, afianzando las obras, conjuraran las insidias del subsuelo y del agua, sobre todo salada.
Profano de la ingeniería civil y animado de simple sentido común, declaré ipso facto mis más convencidas hostilidades a lo que inmediatamente estimé ser un tremendo peligro para la integridad física de los residentes…y de sus sudadas inversiones.
Los sucesivos capítulos de la tragi-novela que durante estos largos años se desembrolló siempre más enredándose, han sido asimilados por la ciudadanía sin despertar mucha conmoción:
ya no nos sorprende que un Gobierno
ya no nos aflige aprender que a una importadora-almacenadora-distribuidora y exportadora de hidrocarburos no se le cobra ni multa por operar desde hace 22 años sin permiso o licencia alguna para manejar hidrocarburos, ni para importar, y almacenar, distribuir y exportar LPG;
ya no escandaliza que una industria que severamente afecta a una frágil economía tradicionalmente turística, nunca ha pagado tampoco por su permiso de operaciones, mientras los munícipes se apresuran a cerrar los comedores que no alcanzaron cancelar puntualmente los impuestos por faltas de clientes, que aquella misma actividad industrial testarudamente aleja, en la cómplice indiferencia del gobierno local;
tampoco ya sorprende que un hombre de negocios prestado a la problemática ambiental tercamente se niegue a cumplir con la Ley y a otorgar una obligatoria resolución administrativa al Dictamen de su misma Secretaría, que invoca el cierre de una mega terminal imputada de intoxicar la Bahía y de desaparecer vastas áreas de manglares protegidos, asesinando la Laguna de Centeno y exterminando centenares de raras especies ícticas y avícolas, mientras protervamente insiste en estrangular las playas y en amenazar en sus vidas a 8,000 moradores (Dictamen 260-06).
Lo que todavía no asimilo, es como funcionarios juramentados para velar sobre la salud de conciudadanos (y de cualquier residente) puedan hacer oídos sordos a las vibrantes advertencias que manan del Congreso Nacional, de múltiples Fiscalías, de los Institutos de Turismo y de Antropología e Historia, además de la Secretaría de Cultura, de la Procuraduría del Ambiente y Bomberos, de Copeco, de técnicos eméritos y de la trágica información mediática cotidiana.
El principio de la seguridad colectiva y del respeto a la vida y a la integridad física personal, valorizados en la Carta Magna y en Tratados internacionales, parecen para nada encabezar el doméstico listado de las obligaciones presidencial- ministeriales…
Si así no fuera, el más alto nivel ejecutivo no encontraría impedimento para tomar firme y consecuente posición, fundamentada en el expediente que del caso SERNA lleva (y que celosamente custodiamos en copia, gracias a la Ley de Transparencia, a la Compañía de Jesús, al doctor Leo Valladares y -ultima sed prima- a nuestra abogada Clarisa Vega), ya que la cuestionada empresa:
* nunca encargó un cualquier estudio oceanográfico pese a ubicar esferas altas 38 metros sobre una mísera fundición profunda dos, (y sin pilotes) a 15 metros de las impredecibles olas Caribeñas;
* nunca se sirvió de un completo estudio de subsuelo, pese a operar en una orilla arenosa transportada por el Fifí y sobre la siempre activa Falla geológica del Motagua que cruza la zona;
* nunca requirió una certificación internacional para las sofisticadas obras de soldadura, otorgando ella misma, “sobre el campo de batalla” (y sin importar la seguridad) una muy especial certificación de soldadores a sus ex ayudantes de albañilería;
* nunca contrató a un ingeniero colegiado para diseños y ejecución, nunca utilizó bitácora ni se abocó a una supervisión externa;
En compenso, asumió y presentó a periodistas y desatentos inspectores a un cierto Tony Pedro, el cual, nuevo Leonardo, realizó todas las tareas de ingeniería civil, eléctrica y mecánica.
Abandonó sorpresivamente el País, perseguido por una orden judicial de captura habiendo ilegalmente ejercido la ingeniería, como ya bien saben Casa Presidencial, SERNA y Fiscalías.
Yo, hubiera preferido ignorarlo.